Por las encuestas últimas está quedando claro el gusto por masturbarnos. Nos gusta ese momento de máximo placer que tanto disfrutamos en la intimidad o en compañía otras veces.
Pero quiero plantearos una cuestión: ¿Dónde nos gusta pajearnos? o mejor aún ¿Cúal es el lugar o el momento más extraño en el que me la he machacado?. Aquí podemos ver algunos lugares que podríamos calificar de poco corrientes para estos menesteres.
Hacernos una paja sentados en el baño o como el anterior en la cama es todo un clásico. Esto lo hemos hecho y lo hacemos todos desde la adolescencia. ¿Cúantas veces nos han gritado desde el otro lado de la puerta: ¡termina ya! que tengo que entrar? y claro está, de nosotros no dependía el terminar, se termina cuando se termina, sin más.
Como he dicho hacerse una paja en la cama es de lo más normal, pero estaréis conmigo que no es tan normal grabarse un vídeo como hace este tío. Pero se hace, claro que se hace. Yo no lo he hecho nunca, pero tiene que ser un gustazo verse después.
Un lugar que, me dirán muchos, es el más raro en el que se la han machacao es en el trabajo. No me digáis que no tiene morbo abrirse la bragueta como estos en la oficina, sacarse la polla y hacerse una buena paja, la mayoría de las veces ante el ordenador. Disfrutando de unas sugerentes imágenes o, en otros casos, compartiendo paja con algún amigo cibernético. Así sí me he pajeao yo más de una vez. No en mi trabajo, porque sería imposible, pero en mi casa sí.
Ese momento de calentón en el que no nos da tiempo ni de bajarnos totalmente los pantalones es sublime. No podemos dejar de pajearnos, pero corremos el riesgo de terminar manchandonos hasta la corbata.
Está claro que no todos los trabajos son de oficina. Pero todos los trabajos son buen escenario para una buana paja
Otro lugar bien placentero para machacarnosla a placer es el salón de nuestra casa o esa sala en la que nos relajamos y descansamos con una copa por delante, escuchando música o viendo la tele o lo que cada uno le guste hacer. Ese momento de relajación termina por empalmarnos y no podemos renunciar a una buena paja. Si estamos solos en ese momento no hay problema, pero de lo contrario tenemos el añadido morboso de que nos puedan pillar con las manos en la polla. Creo que esto lo hemos hecho todos, yo el primero.
Bueno prefiero la comodidad del sofá antes que sentarme en la mesa como este, aunque hay que reconocer que está de escándalo recién duchado, con la bata abierta y disfrutando de su polla y de esos buenos huevos que le cuelgan.
Un lugar que tiene su morbo para practicar sexo es la cocina, también utilizado por algunos para pajearse, yo el primero. A mi me parece maravilloso, por la mañana muy temprano, cuando todo el mundo esta en casa durmiendo menos yo, pajearme en la cocina tranquilamente mientras me tomo un zumo de frutas. La mayoría de las veces no llego ni a correrme, pero me deja entonado para todo el día. Os lo recomiendo.
Pero si hay un lugar en el que practicar sexo, y por lo tanto masturbarnos, es todo un placer es en plena naturaleza.
El placer de una paja en la naturaleza se multiplica por dos. Muchos sabrán de lo que les hablo porque seguro que como yo lo habrán hecho alguna vez. En mi caso más que en el campo o la montaña es a la orilla del mar. La tranquilidad de una playa desierta, el sonido del mar y el calor de la arena me pone a mil y sólo se me ocurre pajearme lentamente recreándome a placer en lo que hago.
Los que tengan la suerte de tener piscina privada en su casa seguro que nos dirán que ellos, al igual que este buen tío se la ha machacao en su tumbona o en el césped.
Hay muchos que les pone y les da mucho morbo los coches. Tanto es así que siempre que pueden disfrutan de una buena paja dentro de ellos. El aburrimiento de un largo viaje tiene muchas veces la culpa. La mente y las manos se nos van siempre al mismo sitio, al paquete.
Recuerdo un día que viajaba solo en mi coche. Llevaba un recalentón de muerte y no dejaba de sobarme el paquete. Tal calentón llevaba que terminé corriéndome dentro de los calzoncillos y del pantalón. Paré el coche, y como os podéis imaginar me limpié como pude intentando no traspasar los pantalones. No tenía ropa para cambiarme y no era plan llegar con una mancha sospechosa en los pantalones.
Bueno, de los camioneros y de las fantasías con ellos podríamos dedicar no una entrada, todo un blog.
Ahora os toca a vosotros que nos contéis cuales han sido los lugares y los momentos más inoportunos en los que os habéis pajeado. No dudéis en dejar vuestros comentarios.