La muerte inesperada de nuestro admirado David Bowie me ha hecho recordar aquellos años setentas y ochentas. Los setenta de mi adolescencia y los ochenta de mi juventud. Los de mi edad sabéis de lo que os hablo.
No sólo me ha hecho pensar en la música que oiamos, también me acuerdo de como vestíamos, del sentido estético, de los gustos y de la moda. De todas formas mirar atrás sólo sirve para darnos cuenta de que todo está ya inventado, de que sólo son vueltas de tuerca a una misma idea, de que nadie se crea original. Ya alguien inventó lo que tu crees que es idea propia.
No sólo hemos cambiado en estas cosas, también hemos cambiado en la facilidad de acceso a todo. Antes acceder a la música que nos gustaba no era fácil, había que esperar que que ese disco nuevo llegara a las tiendas de música, había que comprarlo y había que llegar a casa para ponerlo en el tocadiscos. Ahora lo buscamos en internet y ya lo tenemos sonando en nuestra habitación.
Qué difícil era antes acceder a otra de las cosas que más nos gustaba y nos sigue gustando. Ahora si queremos distraernos disfrutando de unos buenos paquetes, buscamos en internet y terminamos por aburrirnos de tanta oferta a nuestro alcance, pero antes, en esos setenta y ochenta la cosa era mas difícil. Revistas pornos había, pero si las de temática hetera ya era complicado acceder a ellas no quiero ni pensar las de temática gay. Seguro que más de uno de vosotros podría contar miles de anepdotas de cómo y dónde podía deleitarse con unos buenos paquetes.
Yo en aquella época de juventud no era consumidor de revistas porno, sólo alguna vez caía alguna en mis manos, olvidada, perdida o escondida en casa de algún amigo. Reconozco que no sólo me interesaban las tetas de las tías. Si aparecía sexo explícito con algún tío en plena acción, la imagen me parecía más interesante. Para seguir viendo buenos paquetes sólo tenía la posibilidad de tener la suerte de encontrar algún anuncio de calzoncillos en las revistas del corazón o de moda y fantasear con sus paquetes.
¿Triste, verdad? pero era lo que había.
Echemos un vistazo a esos setenta y ochenta vividos y muchas veces añorados.


¿Todo tiempo pasado fue mejor?
Yo en aquella época de juventud no era consumidor de revistas porno, sólo alguna vez caía alguna en mis manos, olvidada, perdida o escondida en casa de algún amigo. Reconozco que no sólo me interesaban las tetas de las tías. Si aparecía sexo explícito con algún tío en plena acción, la imagen me parecía más interesante. Para seguir viendo buenos paquetes sólo tenía la posibilidad de tener la suerte de encontrar algún anuncio de calzoncillos en las revistas del corazón o de moda y fantasear con sus paquetes.
¿Triste, verdad? pero era lo que había.
Echemos un vistazo a esos setenta y ochenta vividos y muchas veces añorados.


¿Todo tiempo pasado fue mejor?









































