Que nos gusta tener una buena erección no lo vamos a discutir a estas alturas de la película. Lo tenemos más que claro, nos encanta estar empalmados, nos gusta ver a otro tío con la polla bien dura. Como he dicho muchas veces, es nuestro estado natural. Es uno de nuestros mayores placeres, vernos y sentir nuestra polla bien armada.
De todas formas, para mi, tiene un encanto especial ese momento en el que empezamos a sentir como se nos pone morcillona y va buscando espacio dentro de los calzoncillos.
Empuja, se retuerce, y comienza ese palpitar dentro de tan poco espacio anunciando lo que se avecina.
Lo que se avecina está claro, la polla busca su espacio y no sin nuestra ayuda la mayoría de las veces.
Nos echamos mano al paquete e intentamos recomponerlo como podemos.
Lo que no cabe no cabe, por más que nos sobemos el paquete por fuera, tal armamento buscando espacio en los calzoncillos y en los pantalones no hay quien lo domine.
Terminamos abriéndonos el pantalón y liberando un poco a la bestia.
Pero esta pequeña liberación nos dura poco. De sobarnos los calzoncillos por fuera pasamos a meternos la mano ...
... y ya estamos tardando para bajarnos los calzoncillos.
Ahora sí, ahora estamos perfectos, felices de vernos empalmados.
Qué maravilla!!. Todo esto es mío? Si pudiéramos iríamos así siempre.
Con algo así entre las manos sólo caben dos posibilidades, o pajearnos a placer como tanto nos gusta ...
... o follar como leones si es que estamos acompañados.
Si tenéis esa suerte mejor hacerlo bien, despacio, fijándose uno en lo que hace, metiendo bien la polla, Primero colocamos el capullo en la puerta y suavemente lo metemos y, quietos, déjalo quieto, deja que sienta como le quema y como palpita y ahora sí ...

... ahora sí, despacio vamos metiéndola toda. Abriendo paso el capullo que se nos habrá hinchado de placer y que le quemará por dentro como una braza ardiendo.
El placer que se siente en esa primera envestida es indescriptible para nosotros, pero la pareja se retuerce de placer y se quiere morir de ese gustazo primero.
Ahora ya esto no tiene vuelta atrás, sólo nos queda continuar con ese movimiento rítmico, acompasado con nuestra pareja, sintiendo ese cosquilleo que te recorre todo el cuerpo desde la punta de la polla hasta la nuca.
Sintiendo como los huevos golpean el culo de nuestra pareja ...
... recreándonos en cada envestida. De las prisas pasamos a un tiempo más sosegado. Despacio, no queremos terminar, no queremos que ese momento tan sublime termine.
Los huevos se contraen y nos pesan. La polla cada vez se nos pone más dura y el capullo quiere estallar. La pareja arde de placer por dentro...
... y a nosotros el capullo nos duele de placer, nos quema a los dos pero no paramos, seguimos con ese movimiento continuo, sin llegar a sacar nunca el capullo, pero haciendo el intento. Llegando a ese punto justo en el que volvemos a sentir la primera envestida...
... bendito movimiento que no quisiéramos parar nunca.
Siempre buscando el máximo placer, para uno mismo y para la pareja.
Y de pronto sin saber por qué volvemos a las prisas, rápido, más rápido, más fuerte, golpea, más, más, llega hasta el fondo, métela más si puedes...
... y reventamos de placer!!!!
Llegados a este punto en el que la leche nos corre por dentro y por fuera, queremos morirnos de placer. Por unos momentos nos sentimos muertos y resucitados a la vez.
Tanto placer que comenzó tan sólo porque algo no nos cabía en los calzoncillos!!!