Hace días que me apetece dedicaros una entrada en la que podamos deleitarnos contemplando unos buenos huevos. Ayer mismo comentaba con uno de vosotros lo excitante que era tocarse y acariciarse los huevos y, especialmente, que te los acaricien. Me gusta cuando veo a un tío con unos buenos huevos, colgones o prietos. Me gusta tocarme los míos, sentirlos en mi mano, y me gusta, las pocas veces que he tenido la oportunidad, tocárselos a otro. Intentar abarcarlos con una mano, notar como chocan y resbala uno con otro y, especialmente, ver la cara de placer y agradable dolor de su dueño, o la nuestra. Quien se resiste recién duchados, ante el espejo, agarrarselos con gana y pensar: Esto es mío por derecho propio y para mi propio placer.
Bueno, para nuestro propio placer y también para dar placer a otros. Como el placer que nos va a dar ver a todos estos, luciendo unos huevos envidiables, que seguro dispararán nuestra imaginación.
Creo que cada uno de ellos es digno destinatario de todas nuestras fantasías y deseos y ahora sólo nos queda disfrutar de los que tenemos más a la mano, los nuestros. hagamos como este, disfrutemos de un agradable, placentero, excitante y masturbador masaje de huevos. Sí he dicho masturbador, sólo masajeandonos los huevos llegamos a corrernos de puro placer. Es una de mis pajas preferidas. Os la recomiendo. Por lo excitante y duradera.
¡Manos a la obra! Nunca mejor dicho.























































